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domingo, 11 de noviembre de 2018
Una carta a mi yo de 18 años.
Respiro y miró al brillante cielo azulado de un día de primavera, casi a inicios de un verano inminente. Me entristece saber que se va acabando un año más... un año más de vida, qué pasa como en un pestañear en medio de la vorágine que es este océano. Apenas una pequeña ola en medio de toda el agua. Me paro un segundo a respirar, a mirar el cielo estrellado, que a pesar de estar allí todos los días, siempre es diferente en su esplendor: acompañado de la luna ha presenciado cada secreto de cada alma, cada uno de los suspiros de cansancio, de arrepentimiento y de esperanza... y aquellos de felicidad, que siempre prevalecen ante todo. Le agradezco cada día a esta vida que me toco, por cada persona que conocí, a los que me acerque más... por todos las cosas pequeñas y grandes. Por todo. Me entristece saber que termina, porque siempre tendremos la sensación de que nos falta tiempo para vivir los mejores momentos de nuestras vidas. Dan ganas de que sean eternos y que no pasen desapercibidos como efímeros. Dan ganas de respirar este aire cada día un poquito más, casi como una droga. Respiro una vez más, a puertas de un buen año que está por comenzar.
Te aseguro que sigues siendo la misma persona, más madura. Eso sí. La vuelta de TECHO ha hecho estragos en ti. Sigue siendo la misma persona, sensible y empatica. En gustos no has cambiando mucho la verdad, salvo que ahora llevas el cabello corto y has descubierto que te va mucho mejor. Que las matemática y la ciencias siguen pasando de ti y que lenguaje y filosofía te dan consuelo y refugio. Que te has acercado más al grupo que te rodea 24/7 y que estás a un año de salir del colegio. Te pone muy nerviosa, pero lo llevas bien. Mejor de lo que esperabas. En música te has dado cuenta que te gusta el folk metal melódico... pero que por otro lado, todo sigue igual. Incluso has ido a ver a Harry e a Imagine Dragons y que cada día sabes que escribir es algo que quieres hacer por el resto de tu vida, y que la psicología se ve mucho más tendora.
Se despide,
Martina.
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